Listening to: Jordi Savall y su CD The Celtic Viol II. Qué gran concierto <3
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Me encuentro en plena crisis de inspiración: el capítulo sobre fibras vegetales no quiere salir de ninguna de las maneras. Muy felices me las prometía yo tras haber lidiado con la madera, y resulta que los textiles serán un hueso incluso más duro de roer…
El problema no es tener cosas que decir: es saber cómo decirlas. El objetivo no es dar información, sino aportar algo nuevo, algo original, al tema. Coger el material que ya está allí, y crear algo nuevo a partir de partes viejas. El patchwork en general se me da bien, pero en estos momentos no veo aún la estructura emergente, cómo organizar la información de forma interesante.
Y tener, tengo (información, quiero decir). No tanta como hubiese querido, pero algo tengo.
No se puede escribir sobre textiles sin entrar en la fabricación de telas, y el telar. ¿Por qué hay tan pocos estudios serios sobre estas cosas, por qué? Supongo que no vende demasiado ser un antropólogo o un arqueólogo que se dedique a estudiar la evolución de los telares en la Prehistoria, pero si los hay que se dedican a los buqués de flores egipcios, ¿por qué no los telares de cintura?
La cuestión. Que SE BUSCA INSPIRACIÓN. ¿Pongo un anuncio en el periódico?
Estoy leyendo un libro de Guy Deutscher, The Unfolding of Language. En él se habla de la evolución de las lenguas, y de cómo los términos para hablar de cuestiones abstractas surgen siempre del mundo físico, concreto. Para aferrar conceptos abstractos solemos utilizar términos cuyo significado se enraíza en la esfera concreta del mundo físico (como aferrar algo con la mano, o un árbol que enraíza en el suelo).
En las conferencias organizadas el año pasado en el ciclo CaixaForum de mitología griega, VIII Aula d’Humanitats. Les dones i els mites, se hablaba del caso concreto de Penélope, y del tejer como un atributo específicamente femenino. Es un concepto que se encuentra en muchos otros lugares, entre los que puede destacarse el libro de E. Barber, Women’s Work: The First 20,000 Years (que no he leído —aún—, pero sí una buena crítica).
¿Y qué tendrá que ver una cosa con la otra? (“Ya, claro. Evolución lingüística y mujeres griegas, mmm… ¿y la lógica?”).
Pues que se mencionó un caso específico que puedo interpretar ahora como migración de término concreto al reino de lo abstracto, y que precisamente tiene que ver con el tejer. Son dos verbos en particular, que todos conocemos y usamos en su acepción abstracta: tramar, y urdir. Ambos tienen ciertas connotaciones negativas (en el DRAE, una de las acepciones de tramar es “Disponer o preparar con astucia o dolo un enredo, engaño o traición”; urdir no sale mejor parado, con “Maquinar y disponer cautelosamente algo contra alguien, o para la consecución de algún designio”). Y ambos provienen del mundo del tejido.
En sus acepciones originales, urdir es “Preparar los hilos en la urdidera para pasarlos al telar”, y tramar es “Atravesar los hilos de la trama por entre los de la urdimbre, para tejer alguna tela” (DRAE forever!).
Los términos que han migrado y adquirido connotaciones negativas, de subterfugio, de astucia, pertenecían a una esfera femenina—y doméstica— por excelencia: el tejido. También el mito de Arachne, que desafía a la diosa Atenea en habilidad como hilandera y tejedora, concierne el mundo del telar. Penélope mantiene a raya a los pesados pretendientes que se empeñan en hacerle la corte con estratagemas, estas sí, literalmente tramadas y urdidas en el telar.
¿Se adivinará un cierto temor hacia la mujer que teje, y maquina, sin desvelar sus pensamientos a los observadores? ¿Será el tejer una actividad que lleva con mayor facilidad hacia la reflexión y la interioridad?
Otra cuestión que me llama la atención es el hecho de que, en muchos casos, la actividad del tejer permanezca sobretodo en el mundo femenino en tanto descentralizado, rural, y doméstico; desde el momento en que se mueve a la esfera especializada del núcleo urbano, los talleres parecen dejar preferentemente a la mujer al margen (Schneider, 1987; Riello y Roy, 2009). Incluso el tipo de telar cambia. ¿Quizás porque, cuando se convierte en actividad artesanal especializada, deja de ser compatible cuanto lo era antes con el resto de tareas domésticas? Entonces, lo que define qué es actividad propiamente femenina de aquella propiamente masculina no es una cuestión ligada al tipo de actividad en sí, sino al lugar donde debe desempeñarse dicha actividad: todo lo que caiga dentro de la esfera doméstica es femenino, hasta que sale de casa, y por tanto queda fuera del alcance de la mujer junto al fogón.
Pero todo esto no es específicamente vegetal; son consecuencias de una actividad que también utiliza vegetales como materia prima. ¿Qué vegetales? Esto lo tengo que decir, claro está. Pero la mayoría de estudios hablan de fibras vegetales textiles, así, en general—y los textiles se usan para muchas, muchas otras cosas aparte del vestido. ¿Vale la pena hablar del yute (Corchorus capsularis y C. olitorius), fibra vegetal usada para la producción de sacos? Por muy raro que pueda llegar a ser la haute couture (al menos, para personas como yo), dudo que se empiece a desfilar en Milán con sacos puestos. El impacto en el mundo de la moda es mínimo, y sin embargo es una fibra vegetal de considerable importancia.
En China lo tenemos más o menos bien, aunque la gran desventaja es que la mayoría de plantas que puedo nombrar suenan raras a oídos occidentales: si digo que se usa ramie (Boehmeria nivea), uno se queda igual que antes. Se puede mejorar la cosa mencionando que es un pariente de las ortigas, pero la total falta de familiaridad dificulta que se produzca el Efecto Bombilla (… “¡ahhh!”).
Una sí que puedo decirla: el cáñamo. Que resultaría ser oriental –tan oriental que, como dije ya en un post hace muucho tiempo (Dosis sola facet venenum (ii)), China era conocida como la tierra de las moreras (Morus sp) y el cáñamo. Y no lo fumaban, no, parece ser que no tenían mucha idea (eso, o que las condiciones en las que crecía en China no eran propicias a la formación de resinas alucinógenas típicas de ciertas variedades de Cannabis. O que la variedad con mayor contenido de THC, C. sativa var indiana, no se desarrolló en China).
Pero, la utilidad de ir mencionando cada tipo de fibra vegetal principal, y dónde se ha utilizado, ¿dónde está? Otros ya han hecho algo parecido (ie Prance y Nesbitt, 2005), y mucho mejor de lo que podré hacerlo yo. No tiene sentido que me ponga a enumerar los hallazgos prehistóricos de lino (Linum ussitatissimum), o la evolución del algodón en las Américas paralelamente a la India y algunas zonas africanas. Hay anécdotas interesantes, sí. Pero, ¿cómo entretejerlas —y nunca mejor dicho— con el resto de información?
El algodón es muy interesante como ejemplo de fibra textil de enorme importancia mundial: desde su producción y exportación en India (“Cuando India vestía al mundo”, nos recuerda el título del libro editado por Riello y Roy, 2009), pasando por su uso en las Américas (en ese sentido, hubiese sido una gran alegría para nuestro amigo Colón el descubrir que los indios que encontró en su pasaje hacia las Indias se vestían con el mismo tipo de material que uno se esperaría encontrar en la India de las especias; aunque no tengo la menor idea de si se dio cuenta, o si sabía siquiera que en la India se vestía de algodón. Probablemente, no). Otro capítulo de gran interés es la revolución industrial en Gran Bretaña, que pasó por la mecanización de la industria del procesado de algodón (¿por qué el algodón? ¿Por qué en aquel momento histórico?). Y, por supuesto, el corolario americano que liga algodón con esclavitud en las plantaciones sureñas. Una fibra de peso, este Gossypium.
Si hubiese algún análogo, la cosa quizás sería más fácil. Pero no se me ocurre ninguno fácilmente. Poco tendrá que ver el hecho de que en Mesopotamia se sustituyese el lino por la lana, como en cierto modo ha sucedido entre lino y algodón en occidente (por si no tuviese mucha lógica de buenas a primeras, el algodón puede considerarse una lana vegetal desde un cierto punto de vista). La industria del lino en el antiguo Egipto, y su importancia ceremonial (Isis, la tejedora!), van a entrar en el libro. Así, de refilón.
Otra cuestión que me lleva un poco de cráneo es la de los tintes. Pero esto puedo sólo mencionarlo, y ya. Y el vestido como señal de identidad es otro tema que puede llevarnos muy lejos—tan lejos, que no sé si embarcarme siquiera, dado que se escapa del papel netamente atribuible a los vegetales en el mundo del vestido, y que va tan ligado al material vegetal de base del tejido, como a los tintes utilizados para colorear las telas (y que, por tanto, quedan fuera del capítulo). Es que, si uno tiene en cuenta que el uso de fibras vegetales para confeccionar vestidos ni siquiera surgió como solución para protegerse del frío, sino como un adorno con connotaciones de fertilidad y atractivo sexual, como marca de clase, etc… pues, no sé hasta qué punto tiene sentido tratar aquí la gran mayoría de fenómenos emergentes ligados al vestido.
Nada, repito. SE BUSCA INSPIRACIÓN.
Este post, de todas formas, ha sido un buen reclamo para la Musa.